Oriana
Todo estaba saliendo de maravilla y Stephan se veía radiante, relajado, como nunca antes lo había visto. Por primera vez en días, reímos sin mirar por encima del hombro. Alexei se burlaba del decorado torpe que había hecho con las fresas que me consiguió y Stephan tenía chocolate en la comisura de los labios. Se sentía bien. Casi normal y no pude evitar comenzar a fantasear con lo que podríamos ser algún día.
Y era un sueño hermoso, pero de todos los sueños hay que despertar, ¿cierto?
Po