MATTEO
Su aroma aún permanecía en mí, incluso mucho después de haberme alejado de ella.
Sin mencionar que mi polla seguía teniendo problemas para dejar su estado de roca.
Quería volver. Quería ponerla sobre esa maldita mesa y follarla hasta que ambos tuviéramos el mejor orgasmo de nuestras vidas… pero todo a su tiempo, por supuesto.
Me obligué a calmarme mientras atravesaba la multitud, avanzando directo hacia la oficina que daba al salón, al otro lado de la habitación.
Isabella Moretti no sabí