ISABELLA
Entré a la oficina, sola, para mi gran decepción ya que Sophie había sido llamada por su novio.
Mi corazón latía como loco y di un sobresalto cuando la puerta se cerró detrás de mí, sellando el destino que me esperaba.
Me equivoqué, no era una oficina, sino una especie de salón, pero con una mesa en el centro. La habitación estaba tenue, con luces rojas, pero no me impidieron ver al hombre apoyado en la pared, en la esquina derecha del fondo.
Matteo.
Mis entrañas se revolvieron con alg