El silencio era absoluto.
La nave flotaba en la inmensidad del espacio, una entidad solitaria en medio de la vastedad. Alea y Eryon estaban de pie, mirando las estrellas a través de la ventana, el resplandor de las luces lejanas reflejándose en sus rostros. Había algo nuevo en el aire, algo que no podían describir con palabras. La red había caído, y con ella, todo lo que habían conocido hasta ahora.
Pero la victoria no fue fácil, ni limpia. La nave, au