La nave estaba envuelta en una calma inquietante, como si el silencio mismo estuviera esperando a que el caos se desatara. Alea y Eryon estaban de pie, frente a la consola, observando con creciente desesperación la figura distorsionada que aparecía en la pantalla. La red había tomado una forma física, y con ella, había nacido una nueva amenaza, algo que ni siquiera ellos podían haber anticipado.
La figura en la pantalla no era solo una criatura digital; sus ojos eran