La nave tembló violentamente, y un estruendo ensordecedor recorrió sus pasillos, como si el espacio mismo estuviera colapsando sobre ellos. Las luces parpadearon en un último esfuerzo por mantenerse encendidas, pero pronto se apagaron por completo, sumiendo todo en la oscuridad. El aire estaba cargado de estática, y una vibración extraña recorrió el suelo, como si el mismo metal de la nave estuviera siendo devorado desde adentro.
Alea se aferró a la consola, luchando