El portal seguía expandiéndose, abriéndose ante Lía como una boca oscura que devoraba todo a su paso. El aire se había vuelto pesado, denso, y cada respiración parecía ser un esfuerzo hercúleo. La sala vibraba con una intensidad que no podía ignorarse. En su interior, un vórtice negro giraba, succión, como si la realidad misma se estuviera rompiendo, retorciéndose. Todo lo que Lía había conocido, todo lo que había amado, estaba al borde de ser engullido por esa oscuridad infinita.
Kael estaba a