Cuando Alejandro volvió en sí, ya estaba en el hospital, había pasado una semana en coma por una fuerte conmoción cerebral.
Al abrir los ojos, lo primero que vio fue a su madre, que lo observaba con el rostro lleno de preocupación.
—Alejandro, siempre creí que eras distinto a tu maldito padre, que eras una persona con principios —dijo ella con severidad—. Pero me equivoqué, me has decepcionado mucho.
La madre lo reprendió sin piedad:
—Ya sé todo lo que pasó entre tú y Valeria. Fuiste tú quien l