El rostro de Alejandro se giró hacia un lado, con los ojos llenos de desconcierto y dolor.
—Valeria… ¿Qué tendría que hacer para que me perdones?
—Yo jamás te perdonaré, desde el día en que decidiste esperar a que Lucía creciera para casarte con ella, nuestro final ya estaba escrito.
—¡Ella está loca! Solo regresa conmigo y yo la haré desaparecer y nos casaremos de inmediato. Me equivoqué, Valeria, pero no puedo vivir sin ti.—explicó atropelladamente, desesperado.
Por primera vez, en el rostro