El amanecer trajo consigo un silencio inquietante, el tipo de calma que llega después de la tormenta, cargada de escombros emocionales y cicatrices que aún no han tenido tiempo de sanar. El campo de batalla, una extensión de tierra ennegrecida y cuerpos esparcidos, era un recordatorio brutal de lo que habían perdido, y de lo que aún estaba en juego.
Aurora estaba sentada junto a Damien, quien aún se recuperaba del impacto del hechizo de Vincent. Aunque había despertado, su cuerpo seguía débil,