La mansión quedó en un silencio inquietante tras la partida de Damien y el grupo. Aurora permanecía en la entrada, viendo cómo el horizonte engullía a quienes había llegado a considerar su familia. Su mente estaba dividida entre la preocupación por el bienestar de Damien y su deber de proteger al hijo que crecía dentro de ella. La presencia de Matilde y Elias a su lado le daba cierto consuelo, pero la incertidumbre seguía pesando como una sombra.
Aurora decidió pasar el día en el jardín, buscan