La mansión parecía más vacía con cada partida. Aurora, sentada junto a Matilde en el comedor, apenas podía concentrarse en la comida frente a ella. La ausencia de Damien era un peso constante en su mente, y ahora, la decisión de Lysander de unirse a él hacía que el aire se sintiera aún más denso.
Matilde, siempre perceptiva, dejó una taza de té frente a Aurora. —No lo detendrás, querida. Lysander sabe lo que hace. Y Damien… él también sabe cuidarse.
Aurora suspiró, acariciando distraídamente su