Capítulo 40: Amanecer de Sombras
El primer rayo del amanecer rozó las torres del santuario, bañándolo en un tenue resplandor dorado que no hacía más que subrayar la amenaza que se cernía sobre ellos. Cada rincón del lugar estaba impregnado de una sensación de tensión contenida, como si los muros mismos aguardaran el impacto de lo inevitable.
Aurora se preparó en su habitación, con la mirada fija en el espejo frente a ella. Vestía una túnica ligera de tonos oscuros que le había entregado Freya,