Capítulo 32: Sin Cabos Sueltos
La atmósfera en el santuario se había vuelto opresiva, como si el aire mismo estuviera cargado de la tensión que todos sentían. Marcus permanecía en el suelo, con la mirada fija en Damien, su respiración entrecortada. Sabía lo que venía. Sabía que no había marcha atrás.
Damien se quedó inmóvil, su figura proyectando una sombra imponente en la tenue luz de la sala principal. Sus ojos rojos, ahora más oscuros que nunca, reflejaban una mezcla de ira y decepción. Auro