OSCURO (Salvatore)
La oficina me espera, vasta, imponente, silenciosa como una catedral profana, las persianas cerradas sobre la noche y las lámparas bajas proyectando su luz dorada sobre la madera maciza, las estanterías ennegrecidas de libros antiguos, las armas ocultas, los archivos ordenados al milímetro, nada sobresale, nada traiciona la agitación interior que me devora.
Cierro la puerta detrás de mí, la manija fría bajo mis dedos, y un susro se me escapa, más cercano a un rugido que a un