—¡Qué sea rápido! —exclamó ella.
—Solo quiero decirte que las cosas no deben ser como las estás planteando. —Resopló—. Déjame entrar, no me siento cómodo hablando con una puerta de por medio.
—Está bien. Pasa, pero te quedas al lado de la puerta —espetó condicionando al joven.
—¡Cómo gustes! —expresó rendido, mientras ingresaba y cerraba la puerta—. Lo importante es que pueda verte. —Apoyó la espalda sobre la pared.
—Continúa —indicó haciendo un gesto con la mano.
—¿Siempre eres tan complicada