—¿Qué estás diciendo? —inquirió Sarah.
Los azules ojos de Liam se cristalizaron. Por más que apretó los dientes y contuvo el aire en la garganta, no pudo evitar que una lágrima se desprendiera de sus ojos y rodara por su rostro.
Ava levantó la copa y bebió de ella hasta dejarla seca. Se había pasado de copas, por eso estaba hablando cosas que jamás pensó decirle a sus hijos.
—Vuélvelo a repetir —pidió Sarah—. Quiero que vuelvas a decirlo —la sacudió con los ojos iluminados.
Liam se acercó a ell