—Lo perdí —explicó al dejar rodar una lágrima. Con sus delgadas manos agarró el rostro de Robert y lo acercó a su boca—. Cuando desapareciste me quedé devastada y no pude salvar la vida de nuestro hijo —espetó al besarlo.
Colocando sus manos sobre los hombros de ella, Robert la apartó y, mirándola fijamente, inquirió:
—¿Seguro?
Ava apretó los dientes y lo miró con reproche.
—¿Dónde estuviste todo este tiempo? ¿Por qué no me llamaste?
Robert suspiró y dirigió la mirada fuera de las rejas.
—Neces