Capítulo 56

Las rejas de la celda donde Robert se encontraba detenido se abrieron. Sus ojos marrones se iluminaron cuando la vio. Astrid ingresó con una ancha sonrisa y se paró al lado de los dos hombres que la contemplaban con intriga.

—Déjame sola con él.

El abogado salió junto a Mauro.

Robert se levantó y, tomando entre sus manos el rostro de ella, suspiró:

—Amor, me alegra que estés bien.

Le dio un pequeño beso, el cual no fue correspondido. Robert la apartó y la miró directo a los ojos. Pasó gruesa sa
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