Robert Johnson salió del aeropuerto con el corazón destrozado en mil pedazos. Aquel día no volvió a casa. Salió de la ciudad de Los Ángeles para dirigirse a Santa Mónica.
Manejó durante una hora sin poder sacar de su cabeza a su exesposa. Entre ratos golpeaba el volante por haberla perdido. Astrid era lo único bueno que le quedaba en la vida, aparte de la persona que visitaría.
Una vez que estacionó el auto, se adentró a una casa en la playa. Caminó hasta el final del pasillo donde encontró a u