—Sarah, no quiero que vuelvas a salir de casa sola, ¿me estás escuchando, niña?
—Sí, ya te escuché. Lo has repetido desde que llegué, así cualquiera entiende.
—Mañana buscaremos un colegio, ni creas que pasarás de vaga —Sarah puso los ojos en blanco y continuó comiendo.
—¿Qué hay con ustedes dos? —cuestionó la adolescente—. ¿Están peleados?
Astrid detuvo su comer y miró a Liam. Este último también la miró y suspiró.
—Que yo sepa, no.
—Entonces ¿por qué duermes en el sillón? Y no me digas porque