El silencio dentro del coche se sentía más pesado que de costumbre, roto únicamente por el ronroneo constante del motor. Ben conducía con una mano fija en el volante y los ojos clavados en el asfalto iluminado por las primeras farolas de la ciudad, pero sus pensamientos seguían atrapados en el portal que acababa de dejar atrás. El frío del atardecer parecía colarse por las rendijas del habitáculo, recordándole la distancia que, sin querer, había cavado entre Lisa y él.
Minutos antes, frente a e