Mundo de ficçãoIniciar sessãoCaminamos por el pasillo de la clínica en un silencio sepulcral, denso y asfixiante, roto únicamente por el eco monótono de nuestros propios pasos contra el suelo pulcro de linóleo. Ben caminaba tres pasos por delante de mí, con la vista fija en el frente y los hombros rígidos, como si fuera una estatua de piedra sosteniendo un dique emocional a punto de reventar. Al salir al exterior, el aire gélido de la tarde madrileña nos golpeó de lleno en el rostro, pero no logró disipar la opresión ins







