Capítulo 19. El reflejo del espejo.
El mundo se detuvo entre el olor a caucho quemado y el estallido ensordecedor de los cristales. El todoterreno, tras varias vueltas que parecieron eternas, quedó volcado a un costado de la carretera. El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el siseo del motor herido.
Leonella despertó una hora después con el sabor metálico de la sangre en la boca. El dolor le recorría el cuerpo, pero su primer pensamiento fue un grito mudo: Treinta minutos. El mensaje de Augusto. La vida de su madre.