Capítulo 18. Deuda de sangre.

El impacto de la puerta al volar en pedazos fue el preludio del caos. Héctor no entró al registro civil; irrumpió como una fuerza de la naturaleza decidida a borrar a Augusto del mapa. Su presencia era tan imponente que el aire en la sala pareció agotarse de golpe.

El silencio que siguió al estallido de la puerta fue sepulcral, roto solo por el jadeo animal de Héctor y el crujido de la madera bajo sus pies. Leonella sentía el calor del cuerpo de él atravesándole el traje blanco. Su pecho subía
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Diana Perez MendozaNo es más fácil que le diga la verdad, la pobre Leonella se enreda ella solita.
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