Capítulo 145. Lazos de acero.
Dos meses después
Las semanas pasaron con rapidez, devoradas por la maquinaria implacable de la corporación. Faltaban apenas tres días para la fecha fijada por Nicodemo.
La mansión De la Vega era un hervidero de actividad. Los hombres de Montero vigilaban el exterior mientras los organizadores ultimaban hasta el último detalle de la celebración que reuniría a lo más selecto de Nueva York.
En la guardería del ala este, sin embargo, reinaba una calma absoluta.
La luz suave del atardecer se filtra