Capítulo 134. El precio del apellido.
El silencio en el gran salón de paso se volvió denso, gélido, asfixiante. Las palabras de Julián Valenzuela quedaron flotando en el aire como una amenaza de muerte. Héctor no pestañeó; permaneció estático frente al bastardo, con las facciones de granito tensas y los puños apretados con una rigidez destructiva. El chisme sobre el pasado del difunto patriarca De la Vega le encendió la furia animal en los ojos oscuros.
Leonella dio un paso largo al frente, interponiéndose físicamente entre los dos