Capítulo 107. Pactos de silencio.
Los oficiales de policía se acercaron a Pierina, colocándose a sus costados con rostros de piedra. El sonido metálico de las esposas en los cinturones de los guardias resonó en la pequeña oficina, quebrando por completo el último rastro de soberbia de la mujer. Al verse con un pie en la cárcel y sin el respaldo de Eugenia, el pánico animal la obligó a cambiar de estrategia en un segundo.
Se le acabó el teatro de las lágrimas. La mirada de Pierina se volvió fría, desesperada, calculadora. Miró a