Capítulo 106. El zarpazo por la custodia.
La jueza, una mujer de mirada severa detrás de unos lentes de montura gruesa, golpeó el escritorio con un bolígrafo, deteniendo la respiración de los abogados locales de Pierina, quienes se encogieron en sus asientos ante la imponente entrada de Héctor.
—Señores, controlen sus términos —advirtió la magistrada con voz cortante—. Esto es un tribunal de menores, no un ring de boxeo. Señor De la Vega, tome asiento con su esposa.
—No vine a sentarme, su señoría, vine a terminar con una extorsión —si