—¿Cómo entró? —preguntó Bob furioso.
—No lo sé.
—¿Cómo sabía que estabas aquí a esa hora, Owen?
—No lo sé.
—Pues alguien debió dejarla pasar. Por muy bruja que sea no pudo solo aparecer de la nada. ¿Quién la autorizó?
—No lo sé.
Bob miró a Owen con una ceja levantada. Su voz sonaba distante y se disociaba de la realidad.
—¿Hay algo que sepas? —preguntó, finalmente, hastiado.
—No he podido hablar con Anna —respondió, como perdido.
Bob lo observó un poco más. ¿No estaba así por Elena?
—Quédate ho