Terminó de retocarse las mangas del saco y se miró por última vez en el espejo. Se tocó la cara, desde hacía semanas solo se recortaba y emprolijaba la barba, que cada vez evidenciaba más las hebras plateadas. Pero ella se la halagaba, le gustaba, y nada le costaba ese pequeño trabajo extra por las mañanas para mantenerla.
Faltaban dos horas, pero ya estaba vestida y revisaba cada pequeño detalle de su maquillaje mientras su madre la miraba desde la puerta. El cabello suelto, apenas recogido po