Esa mañana fue para Elena muy… especial. Aún no podía despegarse la frustración por la humillación de Owen, claro que no podía. Caminaba por su elegante y lujoso piso, en ropa interior, descontrolada, no se detenía. El amanecer la había encontrado despierta, mirando a la nada a través de su ventanal y ahora pensaba cómo fastidiar a su exesposo para enseñarle las jerarquías.
“Bien, si eso quieres, es lo que te daré”, dijo en voz alta. Tomó el teléfono y llamó a su abogado, a su número personal.