Se sentaron uno frente al otro en la barra donde estaba la máquina de café. En silencio, cada uno con su taza. Owen partió una galleta entre sus dedos y apenas probó un bocado; no tenía hambre, pero tampoco quería parecer descortés.
Anna lo sentía, el dolor que emanaba de él como un perfume. Era la derrota la que lo activaba, la frustración, los recuerdos.
—¿Estudias lo mismo que Lali? —preguntó de repente.
—No, estudio un profesorado.
—¡Ah! Quieres enseñar.
—Sí, me gustaría…
De ella también pr