Cuando la demanda se conoció entre la familia de Owen, la primera en estallar fue Lali. Ella la detestaba, la odiaba con todo su corazón; por su culpa su primo había sufrido tanto, por su culpa se había quedado solo con Eva. Estaba lívida, furiosa, con la cara roja y los ojos llenos de lágrimas. Le dolía profundamente ver la expresión distante y sufrida de Owen.
—¡Dime dónde está, que le enseñaré modales! ¡Víbora! —escupió con veneno en la voz.
— No te preocupes, Lali. Lo manejaré, no sucederá