37. Tan solo, una piedra en el camino.
Una mañana más a la que debía enfrentarme. Otra en la que las tareas de un jefe debían ir por encima de mi vida privada y mi incapacidad de dejar de pensar en otra cosa que no fuera en estar con ella.
Pasé las reuniones impuestas con sobresaliente, cerrando tratos con nuevos asociados en la isla y por supuesto, empleando todos los métodos de negociación aprendidos en el paso de los años de formación. Era, en parte, una buena manera de mantener mi mente ocupada y mi parte ociosa, ahora más alen