27. Prioridades.
Podría acostumbrarme a aquello, me dije con la mayor seguridad que había sentido jamás tumbado aún en la comodidad de su cama. Era la segunda noche que dormía allí de seguido y ni en mis esperanzas más remotas me hubiera imaginado que la noche loca del Pandora, pudiera acabar así.
Olympia se despedía con un dulce beso en los labios y una sonrisa de disconformidad, maldiciendo por lo bajo, su obligación con Richy. Esa que la empujaba a alejarse tan temprano de mi lado.
La dejé marchar, pero s