No puedes escapar de mí.
—¿Sabes dónde acaban los perros fieles? —volvió a sonreír con sorna y sin contemplación presione el gatillo, casi como si de una cerilla encendiéndose, fácil y cómodo. Por un momento me sorprendió la seguridad que tuve al apretar el gatillo, esta sensación era nueva… pero a la vez cercana, y me gusto sentir el poder que podía tener, todo lo contrario, a lo que era ahora. De repente escuche un grito detrás de mí, me gire y vi el horror en los ojos de Genoveva, me miro y a