Una noche para los dos
Parte 1
Cuando el sol ilumino la habitación de la mansión anunciando un nuevo día, me vestí en la quietud de los pájaros, y entonces mi mirada se dirigió a Genoveva que dormía con una tranquilidad que discernía muchísimo de lo que había visto anoche, aparte la mirada con disgusto de mí mismo y una impotencia que no había sentido jamás, como podía llamarme esposo de esta mujer, si ni siquiera sabía nada de ella, ni sus penurias ni alegrías, parecía que estaba obligada a