Deseo inequívoco
Cuando entre en la habitación, con el vermífugo para el estómago, Fernando se veía enorme en aquella pequeña cama rosa, llena de ositos de peluche, pero él era lo suficientemente guapo como para que ese detalle solo lo hiciera realzar más su estilo duro y reservado. Baje mi mirada y me fije que estaba en boxers, la impresión casi me hace soltar la tasa humeante.
—¡Qué diablos haces!
—Yo duermo así siempre… deberías saberlo —dijo con cierto tono de burla, enfurruñada, apartand