Sonrisa perfecta
—¡Yerno! Bienvenido a mi pequeño puesto, por favor siéntense —Fernando hizo una señal, a sus escoltas, provocando que salieran a cuidar la entrada.
—Pido disculpas por el alboroto, mi seguridad tiene que estar cerca de mí en todo momento —la mirada de mi madre se fue a la puerta, y sonriéndole a él, después soltó.
—No se preocupe yerno, mejor siéntese aquí, le voy a traer los mejores tallarines de la familia Cheng —Fernando asintió con una sonrisa, sentándose en la mesa, en la