El lago parecía contener el aliento, su agua oscura, inmóvil y opresiva. El grupo se encontraba en círculo cerca de la orilla, observando la piedra que brillaba en el centro. La silueta, que oscilaba como un espejismo inquietante, ya no se movía, pero su energía asfixiante aún llenaba el aire.
Lucas alzó la lámpara de aceite, con el rostro tenso. — Si hay un precio que pagar… entonces es aquí donde se decide. Pero debemos permanecer unidos. Nadie se separa.
Alice, aún desconfiada, miró a Léa co