Mundo ficciónIniciar sesiónDavid Lambertini sempre foi dono de todas as regras. Um sedutor implacável, com um coração blindado e uma lista interminável de conquistas, ele nunca permitiu que nenhuma mulher chegasse perto o suficiente para desafiá-lo. Até Lizandra, ele nunca havia permitido algo tão perigoso quanto se apaixonar. O que começa como um jogo se transforma em uma obsessão avassaladora que ameaça consumir cada parte de sua alma. Ela é diferente de tudo que David já conheceu, forte, inteligente e imune ao seu charme perigoso. No momento em que seus olhos se cruzam, o mundo de David começa a ruir. Lizandra não é fácil de dobrar. Enquanto ele tenta conquistá-la a qualquer custo, ela luta para resistir, construindo um duelo de vontades tão explosivo quanto irresistível. E quando ela finalmente cede, entregando seu coração e sua inocência, David faz o impensável e a descarta como se não fosse nada. O que ele não esperava era o preço dessa decisão, um filho e, talvez, a única chance de conhecer o verdadeiro significado do amor. Agora, David precisa lutar não apenas para reconquistar Lizandra, mas também para enfrentar o único adversário que ele nunca conseguiu derrotar, os seus próprios sentimentos. Num jogo onde orgulho, paixão e segredos são as armas, será que o desejo de controle é mais forte que o poder do coração?
Leer másNew York, Estados Unidos.
Emma encendió la cafetera a la misma hora de siempre, quince minutos antes de las seis en lo que ella se daba una ducha y se arreglaba, tomaría la primera taza del día antes de marcharse a la empresa. Emma era un analista de riesgo en una importante empresa internacional que tenía la cede en Alemania, era la mejor en su trabajo, había sido la mejor empleada consecutiva durante más de un año. Era implacable, estricta, obsesiva con la limpieza, el orden, perfeccionista y…era una mujer excepcional. Todas las personas que la conocían, la admiraban, pero no todos.
— ¡¿Dónde está mi corbata?! —gritó Jamie, su prometido, este salió de la habitación en ropa interior y aporreó la puerta del baño. Emma debajo del agua estaba concentrada masajeando su cuero cabelludo durante el minuto que siempre usaba para hacerlo por las mañanas. — ¿Estás aun con lo de tu cabello? Voy a llegar tarde, mujer. —volvió aporrear la puerta irritado. Emma abrió los ojos y presionó su mandíbula con dureza, giró su mirada hacia la puerta que vio a través del cristal humedecido por el agua y el vapor. — ¿Emma? —volvió a gritar, ella una y otra vez se había preguntado por qué estaba comprometida con un hombre que era todo lo contrario a ella. Al comienzo había sido amable, la adoraba, le daba sus espacios, y respetaba todo lo que ella hacía, pero desde que se habían comprometido, había cambiado. Empezó a criticarla, a ser más impaciente y a romper las reglas que ella tenía en su propio y elegante departamento que estaban compartiendo con Jamie. — ¡Emma! —iba a golpear la puerta cuando ella la abrió, estaba totalmente desnuda y mojada, pero furiosa.
— ¿No puedes buscar tú mismo la corbata? —él intentó controlar su molestia.
—No encuentro, pensé qué la habías cambiado de lugar.
—No toco tus cosas como tú no tocas las mías, cariño. —eso había sido sarcasmo contenido de su parte. — ¿Recuerdas donde la pusiste la última vez? —él presionó sus labios formando una delgada línea.
—En el perchero detrás de la puerta del armario. —murmuró entre dientes.
— ¿Entonces? Ve a buscarla, si la dejaste ahí, ahí debe de estar. ¡Y déjame terminar de ducharme! —exclamó irritada y él asintió regresando a buscar la corbata, Emma regresó y a toda prisa recuperó lo que tenía que hacer para salir exactamente en el tiempo aproximado. Jamie entró al armario y revisó detrás de la puerta, e intentó no sonreír, ahí estaba colgada.
Seis con quince minutos, Emma ya estaba subiendo a su camioneta para marcharse a trabajar, Jamie subió en el asiento del copiloto y se puso el cinturón de seguridad.
—Mi madre quiere saber si puede invitar a diez personas más. —dijo Jamie tecleando en su celular, ella detuvo el auto cuando escuchó eso, él giró a mirarla sorprendido. — ¿Qué pasó? —las manos de Emma apretaron el volante de cuero.
— ¿Diez personas más? ¿Y las treinta que invitó hace cuatro días? Quedamos que la boda sería lo más sencilla y con la gente que era más cercanos a nosotros.
—Cariño, son amigos de la familia.
—Esta boda es para nosotros, no vamos a invitar a todo New York. Hay cierta cantidad de platos que se dará a los invitados, no puedo comprar más platos de comida, ya compré treinta hace cuatro días.
—Tienes dinero, ¿Qué es lo que te preocupa? —Escuchar eso, hizo a Emma no decir nada más, pero todo empezó a volverse rojo, — ¿Entonces? ¿Diez personas más? Le diré que sí. —regresó Jamie a su celular y tecleó mientras ella intentó controlar su molestia. Regresó la mirada a la calle y siguió manejando, cuando iba en el camino repasó todo lo de la boda: Ella había pagado TODO. Toda la recepción y…la luna de miel. Y el recordar que tenía el cordón umbilical con su madre aun conectado, le hacía dudar si quería hacerlo realmente. ¿Era esto lo que realmente quería para el resto de su vida?
****Habían llegado a la empresa donde ambos trabajaban, Jamie era el jefe de personal y ella una analista de riesgo financiero, la mejor de la empresa.
— ¿Comemos juntos como siempre a la misma hora? —preguntó antes de que cada quien subiera a su elevador que los llevaría a su piso. Por primera vez desde que estaban juntos, Emma negó.
—Tengo una reunión. Almuerza sin mí. —Él arqueó la ceja y ella no esperó más, entró al elevador e hizo ejercicios de respiración, —“¿Cómenos juntos como siempre a la misma hora?” —dijo en voz alta en un tono irónico. Al llegar a su área, hizo su rutina del día, guardar sus cosas personales, encender su computadora, tomar su segunda taza de café y ponerse a trabajar.
— ¿Emma? —la llamó su jefa directa, levantó la mirada de la pantalla para observarla.
— ¿Sí? —la señora Byrne la miró con una sonrisa.
— ¿Vienes conmigo un momento? Necesitamos hablar de los días que pediste para la boda y la luna de miel. —Emma asintió, se levantó de su silla y bloqueó su pantalla con clave, siguió a la señora Byrne y entró con ella a su oficina. Le ofreció la silla y Emma se sentó, esperando su jefa empezara a decir algo. —Bueno, Emma. Con la nueva fusión con la empresa de los Müller, tendremos más trabajo y…—hizo una pausa—Habrá bastante trabajo una vez que regreses de tu luna de miel.
—Lo sé, señora Byrne. —dijo Emma.
— ¿Crees que lleves el mismo ritmo de ahora una vez que te cases? —Emma asintió y por segunda ocasión dudó.
—Claro, de eso no tienes que preocuparte.
—Eso espero, eres la mejor analista de riesgos que tenemos, tus análisis y el cuantificar todos los riesgos que has hecho con bancos y otras entidades financieras, nos ha llevado a ser los mejores en el país.
—Gracias…—sonrió Emma.
—Por cierto, ¿Tienes todo listo para la boda? Ya es en dos días. —Emma asintió. — ¿Qué te parece si a partir de hoy tomas tus vacaciones? —ella alzó sus cejas con sorpresa.
— ¿Hoy? —preguntó Emma.
—Sí, tienes libre tu agenda. Esos dos días van por mi cuenta, ve al spa, a la sauna, relájate para lo que viene el fin de semana. ¿Qué dices? —Emma asintió.
— ¿Puedo irme después del almuerzo? Quiero hacer una limpieza a mi oficina.
—Bien, claro. Entonces te veo en tu boda, —la señora Byrne le guiñó el ojo y ella sonrió.
—Gracias de nuevo…—salió de la oficina de su jefa y su mente ya estaba planeando el resto de la tarde, así era Emma, siempre activa. Entró a la oficina e hizo lo que quería hacer antes de irse dos semanas de vacaciones, se entretuvo toda la mañana ordenando su oficina y reacomodando todo, cuando llegó el almuerzo, llamó a su prometido, pero no contestó. Le llamó al celular, pero tampoco, Emma imaginó que podría estar en la cafetería, pero tampoco lo encontró, uno de los compañeros de él, lo vio hablando con una de las recepcionistas.
— ¿Tom? —el hombre giró su rostro hacia a ella.
—Hola, Emma, ¿Ya vas a ir a almorzar?
—No, estoy buscando a Jamie, ¿Lo has visto? —Tom arrugó su ceño.
—No, pensé que irían a almorzar, dijo algo de ir al departamento.
—Oh, —Emma arrugó su ceño, —Gracias, Tom. —se despidió y fue Emma cargando con una caja hacia su auto, la montó en la parte trasera de su camioneta, luego subió y salió de la empresa directo a su departamento. Emma siguió pensando por qué Jamie no le avisó que saldría a comer fuera, diez minutos después estaba llegando al edificio de departamentos, bajó la caja bajo su hombro y mientras subió las escaleras repasó mentalmente la cantidad de platos de comida que tenía en total para la boda dentro dos días, esperaba que la chef no le dijera algo si agregaba diez más de último momento. Metió la llave a la puerta y entró, al cerrarla, escuchó la voz de Jamie.
—Aquí estás, —dejó la caja y fue en su búsqueda, se descalzó y levantó sus zapatillas para llevarlas al armario, cruzó el pasillo hasta la última puerta y cuando la abrió, se quedó atónita.
— ¡Emma! —exclamó Jamie intentando cubrir su desnudez, la morena que estaba desnuda en medio de la cama de ellos, estaba pálida. —No es lo que crees… —comenzó a decir Jamie, Emma entró al armario y se acercó al mueble donde tenía una pared con todas las zapatillas de tacón alto y en el hueco acomodó las que tenía, llenando el espacio vacío, se dio la vuelta y encontró las pantuflas que usaba en casa, al salir, ambos estaban vistiendo a toda prisa, pero al verla se quedaron congelados en su lugar.
—Al terminar de recoger tus cosas, llévate esas sábanas, no las quiero en mi departamento.
— ¿Qué? ¿Es todo lo que vas a decir? —exclamó Jamie atónito.
— ¿Qué quieres que te diga? Es claro que te está cogiendo a tu asistente a mi espalda, te lo estoy haciendo fácil: Toma tus cosas, esas sábanas y lárgate de mí departamento.
—Emma, por favor, estamos a dos días de casarnos, ya tenemos todo—Emma se cruzó de brazos—Por favor, no vamos a perder todo, es solo un desliz, después de casarnos nos tendremos el uno al otro por el resto de nuestras vidas.
Emma se acercó a la cama y de un movimiento brusco tiró de las sábanas blancas y se las aventó a Jamie en la cara.
—Tus cosas las empaco yo y te las envío a casa de tu madre, así que salgan.
—Emma…—intentó Jamie razonar con ella.
—AFUERA, AHORA. —él se exaltó, nunca había hablado de esa manera, la mujer morena salió corriendo del departamento, pero Jamie no quería irse.
—Ya tenemos todo lo de nuestra boda, cariño. —ella cortó la distancia quedando frente a él.
—YO tengo lo de MI BODA. YO fui quien PAGÓ todo, así que yo solucionaré eso.
— ¿Por qué siempre haces eso? —ella arqueó una ceja.
— ¿Ahora con que me saldrás? ¿Qué necesitabas acción por qué no la encuentras en tu propia cama con tu prometida? Perdona, me corregiré: EX PROMETIDA. Así que más vale que salgas de este departamento con lo que traes puesto o yo misma te sacaré a patadas.
—Esperaré a que te tranquilices, ¿Sí? Y luego hablaremos.
—No hablaremos una vez que salgas por esa puerta, no volveremos a hablarnos ni hoy ni mañana ni el resto de nuestras vidas, Jamie. Oficialmente, —Emma se quitó el anillo de compromiso y se lo entregó en la mano—No somos NADA. AHORA LÁRGATE. No espera, —le arrebató el anillo de compromiso—Este es mío que fue pagado también con mi dinero.
Jamie caminó a la salida con sus pantalones y su camisa de vestir mal abrochada, Emma cerró la puerta en su cara cuando este se volvió a ella para intentar hablar. Ella soltó un largo suspiro, pero lo que más le preocupó fue…
...Que no había lágrimas que derramar.
DavidO sol se punha no horizonte, tingindo o céu com tons alaranjados e dourados, como se a própria natureza estivesse celebrando este momento. De pé na varanda da fazenda, o vento morno acariciando meu rosto, eu sentia algo raro, a paz. E, acima de tudo, felicidade de tudo que tenho e construi.Lizandra estava nos jardins, o vestido esvoaçante moldando seu corpo, a silhueta que eu tanto amava. Eu a observei com olhos cheios de reverência e devoção. Ela carrega o nosso filho. O meu herdeiro. O médico confirmou hoje, o nosso filho crece bem e saudável. Um pequeno Lambertini que traria o peso e a glória do nome que construímos, mas que nunca cometeria os mesmos erros que eu.Abracei Lizandra por trás, encaixando seu corpo contra o meu, minha mão firme pousada sobre sua barriga.— Ele vai ser um homem de verdade, meu amor. Um homem honrado. Eu juro que vou ensiná-lo a ser melhor do que eu fui. — Minha voz saiu rouca, carregada de emoção. — Ele nunca vai machucar uma mulher. Nunca vai pe
DavidAcordo com o primeiro raio de sol atravessando a janela e iluminando o quarto com um brilho dourado. Por anos, despertei em lençóis de seda, com o cheiro de perfume caro no ar, o coração vazio e o calor fugaz de uma mulher qualquer ao meu lado. Hoje, a cena diante de mim é completamente diferente.Lizandra dorme serenamente, seu corpo delicadamente envolto nos lençóis, e entre nós, Brenda e Briana estão encolhidas como dois pequenos anjos, respiração tranquila, sonhando em algum mundo infantil onde preocupações não existem. Minha mão desliza suavemente pelo cabelo de Lizandra, descendo até sua barriga ligeiramente arredondada. Nosso filho cresce ali. Meu filho. Mais um herdeiro Lambertini.Nunca imaginei que estaria aqui. Nunca imaginei que escolheria um caminho diferente daquele que o destino desenhou para mim. Eu deveria ser um homem solitário, cercado por aliados de conveniência e mulheres sem nome. Mas Lizandra me transformou. Minhas filhas me mudaram. E agora, tudo que po
Um ano depoisLizandraO silêncio antes da tempestade. É assim que me sinto ao entrar na mansão Lambertini depois de dois dias na fazenda. Meu corpo está relaxado pelo banho quente, mas meu coração bate forte, carregando um segredo que mudará as nossas vidas para sempre. Respiro fundo antes de descer as escadas, onde todos já estão reunidos à mesa.Os aromas da comida preenchem o ar, e a visão da minha família reunida me enche de uma paz indescritível. Sento-me ao lado de David, que, sem perceber minha inquietação, passa o braço por meus ombros, depositando um beijo sutil em minha têmpora. O jantar segue animado, entre risadas e conversas sobre negócios e trivialidades do dia.Quando os pratos estão quase vazios e o burburinho diminui, respiro fundo e decido que não há mais por que esperar. Coloco o guardanapo sobre a mesa e ergo os olhos, encontrando o olhar atento de cada um.— Tenho algo para contar. — Minha voz soa mais firme do que eu esperava.David franze a testa, um resquício
RaissaO que faz um momento ser inesquecível? Será a emoção que nos consome, a companhia que nos cerca ou a certeza de que, a partir dali, nada será como antes? O casamento havia terminado, mas a festa estava apenas começando, e enquanto eu caminhava ao lado de Daniel pelo espaço lindamente decorado, uma sensação de plenitude me envolvia.A decoração impecável, exatamente como havia escolhido junto com mamãe e a minha sogra, fazia o ambiente parecer saído de um sonho. Lustres reluziam como estrelas, flores exalavam fragrâncias delicadas e a iluminação suave criava uma atmosfera mágica. Era o início da celebração do amor.Quando a música começou a tocar, Daniel segurou minha mão com firmeza e me guiou até o centro do salão. Não sou uma grande dançarina, mas seu olhar transmitia tanta confiança que, por um momento, esqueci do mundo ao nosso redor. A melodia era suave, envolvente, como se tivesse sido composta especialmente para nós. Ele me puxou para perto, nossos movimentos sincronizad
Raissa Horn Malta O burburinho na igreja se dissolve no instante em que o padre se posiciona diante de nós. O silêncio que toma conta do ambiente carrega um peso quase sagrado, fazendo cada batida do meu coração ecoar em meus ouvidos. Meus dedos estão entrelaçados aos de Daniel, e sua mão firme me transmite uma segurança que eu não sabia precisar tão desesperadamente.— Que a graça de nosso Senhor Jesus Cristo, o amor do Pai e a comunhão do Espírito Santo estejam convosco! — a voz do padre ressoa pela catedral, e um arrepio percorre minha espinha.— Amém — respondemos em uníssono, acompanhados pela congregação.Daniel aperta minha mão, e nossos olhares se encontram. Ele está emocionado, e sei que eu também estou. O padre continua:— Hoje, estamos reunidos para testemunhar a união de Daniel e Raissa, que diante de Deus e de todos aqui presentes, escolheram seguir juntos nesta caminhada de amor. O casamento é uma promessa sagrada, um compromisso firmado no respeito, na compreensão e
DanielO reflexo no espelho me encara de volta, e, por um instante, não reconheço o homem que vejo. A gravata impecável, o terno alinhado, os olhos carregados de emoção e expectativa. Estou prestes a me casar, e a ideia, embora carregada de felicidade, também pesa sobre meus ombros como o próprio destino. Não sou mais o jovem impulsivo que lutava contra os sentimentos, dividido entre duas mulheres. Hoje, sei que Raissa é minha escolha, minha verdade. Mas e se essa certeza não for suficiente? E se o passado ainda tentar me assombrar?— Nervoso? — A voz firme do meu pai, Luan, me tira do transe.Viro-me para ele e vejo não apenas meu pai, mas o homem que sempre foi meu exemplo de retidão. Ao seu lado, meu tio Allan observa-me com aquele olhar perspicaz de quem sabe mais do que deixa transparecer.— Se disser que não, estaria mentindo — admito, soltando o ar lentamente.Ele sorri, colocando a mão no meu ombro.— Isso é bom. Significa que está levando a sério.— Filho — meu tio Allan inte





Último capítulo