Entré a la oficina con apuro, con el corazón un poco acelerado y los pensamientos todavía enredados en la madrugada. Phillip y yo nos habíamos quedado mensajeando hasta muy tarde. Él partía hoy a su viaje de trabajo, y no nos veríamos por al menos una semana.
Una semana.
Sonaba ridículo sentirme así, pero lo cierto era que me sentía extrañamente inquieta. Como si algo estuviera a punto de suceder.
Saludé rápidamente a mis compañeros que ya estaban en sus escritorios y me dirigí directo a mi pue