—¿Dama de honor? —preguntó Phillip al verme entrar en su casa, con una ceja alzada y una sonrisa ladeada.
Sonreí con discreción, y lo observé con curiosidad mientras cerraba la puerta tras de mí. Caminé por el interior de su casa con paso tranquilo hasta detenerme frente al sofá.
—¿Eres adivino ahora? —cuestioné, cruzándome de brazos a la altura del pecho.
La mirada de Phillip descendió, sin el más mínimo disimulo, hacia el escote que dejaba entrever mi blusa. Me sonrojé, aunque era ridículo a