Volver a casa fue un alivio, aunque el aire aún estaba denso en mi pecho. Carla me recibió con una sonrisa radiante, como si no se imaginara que me acababa de interrumpir justo en medio de… bueno, de algo que aún no lograba procesar.
—¡Justo a tiempo! —exclamó mientras abría las bolsas con comida china—. Pedí lo de siempre: arroz frito, pollo agridulce y rollitos primavera. Si esto no arregla tu día, nada lo hará.
Asentí con una sonrisa forzada y me senté frente a ella. El olor me reconfortó un