Francisca.
—No, no… no es lo que piensas —se apresuró a decir Phillip, dando un paso al frente—. Maddie tuvo un problema con el transporte, se empapó, y… no podía dejarla afuera. Le ofrecí una toalla y una ducha. Solo eso.
—Claro, entiendo.
No. No entendía nada.
Forcé una sonrisa hacia aquella mujer, quien me devolvió una mirada inquisitiva, con una ceja alzada, como si yo hubiese llegado a arruinarles el momento. Era la misma chica con la que lo había visto en la calle, y que ahora estuviera