—Oh... hola, Phillip —lo saludé con un beso en la mejilla. Él me miró con una alegría genuina, pero pronto un silencio nos envolvió y el ambiente comenzaba a ponerse incómodo—. Voy a ir a mi habitación, luego nos vemos —murmuré, y me giré para subir las escaleras, pero él sostuvo suavemente mi brazo para detenerme.
—Espera. Quiero decirte algo —me giré de nuevo y noté su nerviosismo—. Feliz cumpleaños.
Bajó la mirada, avergonzada, pues aún no lograba acostumbrarme a la atención que este chico