—¡Feliz cumpleaños, princesa! —chilló mamá a todo volumen, y podría jurar que su grito se escuchó por todo el edificio—. ¡No puedo creer lo grande que estás, hija! —agregó con un tono nostálgico que me hizo sonreír aún medio dormida, con el celular pegado a la oreja.
Abrí los ojos y me tomó un par de segundos antes de terminar de despertar y abrir los ojos.
—Hola, mamá. Muchas gracias —respondí con una sonrisa inconsciente, mientras entrecerraba los ojos para ver la hora en la pantalla—. ¿Por