Dejé el teléfono a un lado, esperando las primeras respuestas, y me levanté decidida. Tomé mi bolso, las llaves de la casa y salí, mentalizada en ir al supermercado. Tocaba abastecerse de comida, bebestibles y, quizás, algún postre improvisado.
Mientras caminaba hacia la tienda, traté de sacudirme la nostalgia. A fin de cuentas, estaba rodeada de personas que me querían, y si bien no todos estarían presentes como antes, aún podía regalarme una noche bonita.
Una noche para empezar mis veinticinc