Unos golpes en la puerta de mi casa interrumpieron el sueño reparador que estaba teniendo. Entre dormida, miré la hora y me lamenté al darme cuenta de lo temprano que era, pues era mi único día libre en la semana y mi plan era dormir hasta tarde.
Rápidamente me puse un sweater y unos calcetines para cubrirme del frío, mientras el sonido incesante del timbre seguía rondando por toda la casa, cuestión que ya estaba volviéndome loca.
—¡Que ya voy, maldición! —grité con desesperación, mientras baja